1850-1899 - Nuevos horizontes y nuevos desafíos

Canadá de un océano al otro

En 1867, las regiones de Canadá se dotarán finalmente de una estructura constitucional más estable. Ese año, el Acta de América del Norte británica unía las provincias de Nueva Escocia, de Nuevo Brunswick, de Quebec y de Ontario para conformar el Dominio de Canadá. La divisa del país, aún vigente, se inspira en el Salmo 72 : «dominará de un mar al otro» («de un océano al otro»). Manitoba y los Territorios de Noroeste – de donde se fragmentan en 1905 las provincias de Saskatchewan y Alberta – ingresan a la unión en 1870, Colombie-Britannique en 1871 y la Isla del Príncipe Eduardo en 1873. Salvo por Terre-Neuve, ya tomaba forma el Canadá que conocemos actualmente.

En esta época, se construyen grandes vías férreas para vincular el Atlántico con el Pacífico. Es un período de inmigración continua, especialmente hacia el oeste, de industrialización creciente y, en la parte central de Canadá, de desplazamiento de poblaciones rurales hacia los centros urbanos en expansión. La unión de 1867 no pone fin a las tensiones entre los tres pueblos fundadores : los autóctonos, los franceses y los ingleses. En ciertos casos, serán exacerbadas. Recordemos el llamado Asunto de las Escuelas de Manitoba y en las dos rebeliones armadas del pueblo mestizo en el oeste canadiense. La construcción del país continúa exigiendo líderes aptos a vencer las diferencias, y de educadoras capaces de enseñar a sus alumnos y alumnas a ponerse de acuerdo.

Páginas sacadas del reglamento de las internas de Our Lady of the Angels Convent

Páginas sacadas del reglamento de las internas de Our Lady of the Angels Convent

Tignish, Isla del Príncipe Eduardo, [ca.1870].

Expansión de la Congregación en América del Norte

Entre 1855 y 1900, la Congregación abre 90 nuevas misiones, entre ellas, 44 en el exterior de la provincia de Quebec. En los albores del Siglo XX, 1157 hermanas cumplían diversas funciones en las escuelas de Canadá y de Estados Unidos, en las Îles-de-la-Madeleine y la Isla del Príncipe Eduardo, en el este, en Kankakee e Illinois, en el oeste. En general, las hermanas establecían las misiones en respuesta a la demanda de sacerdotes y obispos, y con frecuencia, cuando en el lugar había una población francófona, pero siempre al servicio de las familias católicas.

La expansión en estos diferentes lugares, representaba para la Congregación un considerable desafío. El Acta de América del Norte británica había hecho de la educación una competencia provincial, de manera que las hermanas debían adaptarse a las exigencias de cada provincia donde se las enviaba a enseñar. Los lugares donde se encontraban sus escuelas y, consecuentemente, las necesidades de su alumnado, eran muy variados; pueblos de pescadores o de mineros de la costa este, las pequeñas poblaciones industriales que se estaban desarrollando en Nouvelle-Angleterre, así como en las metrópolis que se formaban sobre las islas de Manhattan y de Montreal. Algunas escuelas eran establecimientos privados, otras eran escuelas parroquiales, y otras dependían de las autoridades civiles. Aún cuando la mayor parte del alumnado estaba conformado por niñas, los varones eran también acogidos allí donde la costumbre o la reglamentación lo exigía. Hubo un destino lejano al que las hermanas nunca arribarían : en la década de 1850, el Cardenal Wiseman solicitó a la Congregación abrir una escuela en la diócesis de Westminster, en Inglaterra, pero Monseñor Bourget no les permitió aceptar la invitación.

El hecho de trabajar en tantas diócesis diferentes, acarrearía una importante consecuencia para la Congregación : hacia fines de la década de 1860, se transforma en instituto pontificio, dejando de ser diocesano. La Superiora general, en Montreal, dirigiría en adelante, las diferentes regiones de la comunidad.

Acta de incorporación de Saint Joseph Seminary

Acta de incorporación de Saint Joseph Seminary

Kankakee, Illinois, Estados Unidos, 1874.

Nuevos jalones para las mujeres

En la época, cuando el acceso a los estudios superiores se habría para los hombres en Europa y en América del Norte, se manifestaba una gran reticencia a la idea de ofrecer a las mujeres idénticas oportunidades. El primer establecimiento universitario católico para mujeres en América del Norte fue el colegio Mount Saint Bernard College, afiliado a la Universidad Saint-François-Xavier de Antigonish, en Nueva Escocia. El Mount Saint Bernard College tuvo origen en una institución fundada por la Congregación en Antigonish en 1883. En gran parte gracias al apoyo de Monseñor John Cameron, canciller de la universidad, y de sus colaboradores, cuatro mujeres obtienen su licenciatura en artes en 1897.

En Montreal, la Escuela Normal Jacques-Cartier, institución católica dedicada a formar maestros, había sido creada en 1857, solamente recibía hombres. Las mujeres estaban autorizadas a presentarse ante tribunales examinadores, pero raras eran aquéllas que se eran consideradas calificadas para enseñar otra cosa que en los primeros años de escuela primaria. Las cosas cambiarán en 1899 con la apertura de la Escuela Normal Jacques-Cartier para mujeres, dirigida por las hermanas de la Congregación de Notre-Dame y emplazada en la Casa madre del Viejo Montreal.

En el primer cuarto del Siglo XIX, las hermanas de la Congregación lanzarán también otra actividad pedagógica de gran importancia : la redacción de manuales escolares para diferentes materias. Estas obras no sólo se utilizaron en las escuelas de la Congregación, si no también en las demás instituciones.

Primeras diplomadas del programa de Bachillerato ès Arts del Mount Saint Bernard College

Primeras diplomadas del programa de Bachillerato ès Arts del Mount Saint Bernard College

Antigonish, Nueva Escocia, 1897.

Un salto a la Montaña

Montreal crecía, sus barrios se transformaban y la Congregación, como otras instituciones más antiguas, juzga necesario mudarse. En 1854, la comunidad había adquirido un terreno conocido bajo el nombre de «Monklands». El pensionado deja la Casa madre para instalarse en lo que había sido la residencia del Gobernador General en la época en que Montreal fue la capital de Canadá. En adelante, portará el nombre de Villa Maria. Cuando se pone en evidencia que la Casa madre, debía también dejar el Viejo Montreal, se construye una nueva y se la instala en 1880. Sin embargo, ese edificio desaparecería muy pronto, arrasado por un desastroso incendio en 1893. Desgraciadamente, un bombero pierde la vida combatiendo las llamas y, las pérdidas materiales para Congregación fueron inmensas. Una vez más, la Congregación pierde sus preciados archivos. La comunidad retorna a los locales del Viejo Montreal donde continuaban habitando las hermanas que enseñaban diariamente en las diferentes escuelas de la ciudad.

Quinta Casa Madre

Quinta Casa Madre

Montreal, Quebec, [188-].